14 abr 2011

La vida es una lección diaria.

 Procura cubrirte diariamente, con la gracia Divina. Sirve  sin cesar.


Agradecer a Dios, desde que abrimos los ojos en el amanencer y hasta que lo cerramos a la media noche, es un escudo, que te cubre de cualquier dardo, a pesar de que a veces se suscitan eventos que humanamente  no podemos evitar.
La vida es una carrera interminable, que nos da una lección día tras día, y muchas veces no estamos preparados para enfrentar una determinada situación. Es de sabios, aprender de lecciones ajenas, no debemos esperar el hecho personal para llevarnos la enseñanza.
Nadie está exento de pasar por situaciones embarazosas y difíciles,  siempre hay una brecha que los días apuntan, para probar como nos manejamos ante ellas. El ser humano es un producto de su circunstancia, y  actuamos según ésta se presente; por tal motivo, debemos implorarle a Dios cada instante que nos libre del mal, que dirija nuestros pensamientos, sentimientos y nuestro accionar, todos somos propensos a caer y a errar.

 Seamos entes proactivos, solidarios, humildes, y no seamos dañinos, ni hagamos leña del árbol caído.

Imitemos a Jesús, que vino para servir, no para ser servido.

La grandeza del Cristiano, está en ese detalle.

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